domingo, 16 de julio de 2017

¿De quién es la culpa si el capitalismo no funciona? Segunda Parte: ¿Qué es capitalismo y el libre mercado?


El capitalismo es la extravagante idea de que los hombres más malvados
harán las cosas más retorcidas para el mayor bienestar de todos.
John Maynard Keynes, economista, 1883-1946



En la Primera Parte de este artículo comentábamos algunas críticas que se hacen sobre las consecuencias negativas del capitalismo, criticas basadas mayormente en la actuación de las empresas.  Alegábamos que no todo es culpa de la irresponsabilidad de algunas empresas, que también otros actores, en particular los gobiernos, contribuyen al problema.  En esta Segunda Parte analizamos en más detalle qué se entiende por capitalismo y libre mercado y porque se dice que no funciona.  Incluimos un análisis balanceado de las ventajas y desventajas del sistema económico basado en el capitalismo y el libre mercado, bajo qué condiciones puede o no lograr el objetivo de mejoramiento de las condiciones de vida de la sociedad, cuando funciona y cuándo es necesario hacer correcciones y cuándo sencillamente no es el adecuado. 
                                                                      
Hoy en día todos los ciudadanos están expuestos a decenas de medios de comunicación, y se ha demostrado que cada vez más los seleccionan de acuerdo a sus prejuicios, seleccionan aquellos que les dicen lo que quieren leer o escuchar, que corroboran sus puntos de vista.  Por otra parte, ante la competencia en la vida cotidiana se hace cada vez más necesaria la especialización, la concentración en pocas áreas del conocimiento.  Nos estamos volviendo monotemáticos.  Estos dos factores, la selectividad en la información y la especialización están llevando a una segmentación creciente de la sociedad, en la que cada uno profundiza y dogmatiza sus opiniones, sin querer enterarse de otras opiniones o versiones de un hecho o idea lo que hace más difícil encontrar elementos de consenso para trabajar juntos por una causa común.  Para mejorar los sistemas económicos es clave considerar los diferentes puntos de vista para lograr un diálogo constructivo.  Este es el objetivo de esta serie de artículos. [i]

Capitalismo y libre mercado.

Muchos piensan que están pensando cuando en realidad lo que están haciendo es reordenar sus prejuicios.
Ed Murrow, periodista 1908-1965.

En la conversación cotidiana, no rigurosa, se observa gran confusión en cuanto al funcionamiento del capitalismo, mayormente basado en prejuicios, en falta de conocimiento y, en algunos casos especiales, para demonizarlo. También se observa confusión con un término que se usa intercambiablemente, el libre mercado, que tiene connotaciones diferentes, que eleva aún más la confusión en el uso cotidiano de ambos términos.  Se caracteriza al capitalismo, muchas veces sin entender las implicaciones, como un sistema “salvaje”, se da por descontado que la operatoria del libre mercado es la causa de la pobreza y la desigualdad social.  El capitalismo y el libre mercado hacen importantes contribuciones al bienestar de la sociedad, pero también, dependiendo del entorno en que operan, pueden tener consecuencias altamente negativas para este bienestar.

¿Qué es un sistema capitalista? Los aspectos más importantes del funcionamiento de la economía basada en este sistema son el reconocimiento de la propiedad privada, el control privado de los medios de producción y la acumulación de capital, con los intercambios entre los diferentes actores efectuados en un mercado abierto a todos.  En un sistema capitalista puro al gobierno solo se le asignan las funciones de seguridad nacional, justicia y relaciones internacionales.  Por el contrario, en el otro extremo, en el comunismo puro, es el gobierno quien posee y controla el capital, los medios de producción y los mercados.  Ambos extremos no existen en la práctica (lo más parecido a un extremo es el caso de Cuba). Todos los sistemas económicos tienen algún elemento de ambos extremos y las variantes suelen concentrarse en la mayor o menor intensidad de la intervención de los gobiernos en la posesión y control de los medios de producción y de la libertad de los mercados.  China, país comunista, tiene muchos mercados que operan con las características del capitalismo y que son responsables de la dramática reducción de los niveles de pobreza (pero a costa del deterioro de las condiciones de vida y del medio ambiente).  EE.UU., país considerado modelo capitalista, tiene intervenciones del gobierno en la operación y regulación de los mercados y en la provisión de algunos bienes y servicios.

El hecho central más importante del libre mercado es que no hay
transacciones a menos que ambas partes salgan beneficiadas.
Milton Friedman, economista, 1912-2006

¿Y qué es el libre mercado?  El mercado en que se transan los bienes y servicios se dice libre si no existe la intervención de actores diferentes a los que transan, en particular los gobiernos y se rige por la demanda y oferta de bienes y servicios, lo que determina las condiciones de las transacciones (precio, calidad, etc.).  Cada uno va al mercado (que no tiene que ser un lugar físico) y compra y vende a su conveniencia.  Los mercados libres son más convenientes para todos si hay competencia entre los vendedores y compradores, ya que ello estimula mejores precios, mejor calidad, mayor innovación, etc. Si no hay competencia algunos se pueden aprovechar de otros y habrá ganadores y perdedores.  También los habrá si algunos tienen información que los demás no tienen, cuando los actores tienen información imperfecta o hay asimetría en la información disponible entre vendedores y compradores (piense en la compra de un coche usado).

Es conveniente aclarar también qué se entiende por “mercados”.  Hay mercados de bienes físicos, como los supermercados, automóviles, restaurantes, riñones, personas (sí, queremos provocar), etc.  Hay mercados de bienes financieros como las bolsas de valores y las instituciones financieras y de seguros.  Hay mercados de servicios, como las empresas consultoras, los futbolistas, [ii] los servicios de limpieza, corridas de toros, el alquiler de vientres para la reproducción humana, la eutanasia, etc.  No podemos pretender ser exhaustivos, solo dar una idea de la gran prevalencia de los mercados para mostrar que no es un concepto económico abstracto.  Algunos mercados son libres, otros no tanto, algunos son legítimos otros no, algunos son inmorales, algunos son perversos y abusivos, algunos prestan un valioso servicio a la sociedad, otros no (como comentamos más adelante).  Pero son mercados que existen.

El capitalismo permite la acumulación de riqueza (no en sentido de ser rico, sino de recursos para obtener bienes y servicios que se necesita para su disfrute) y el libre mercado permite intercambios de esa riqueza. La competencia en el libre mercado, con otros poseedores de bienes de producción, permite atemperar los abusos naturales de quien tiene el poder de la propiedad de los recursos.  Ninguno puede controlar el mercado totalmente libre. El capitalismo y el libre mercado se apoyan mutuamente, en condiciones ideales.

¿Tienen algo de bueno los sistemas capitalistas basados en el libre mercado? Por las características mencionadas arriba estos esquemas remuneran el esfuerzo individual a través de posibilidad de obtener propiedad en privado, de mejorar el bienestar propio con la acumulación de capitales, de la posibilidad de vender y comprar productos y servicios en un mercado que funciona (si es que funciona, lo que discutiremos más adelante).  La posibilidad de obtener beneficios en el mercado es el incentivo que permite mejorar el bienestar, lo que estimula la superación personal, el trabajo y la creatividad individual y la eficiencia e innovación en las empresas. Inclusive permite poner al servicio de la sociedad los talentos con que hemos sido dotados.  Pero si el sistema no funciona, o no funciona bien, estos beneficios se ven limitados y se generan consecuencias negativas como comentamos a continuación.

El vicio inherente en el capitalismo es la desigualdad en la distribución de las bendiciones. 
La virtud inherente en el socialismo es la igualdad en la distribución de las miserias.
Winston Churchill, estadista, 1874-1965

¿Cuál debe ser el objetivo del sistema económico? 

El objetivo debería ser el de facilitar las transacciones (no todos tenemos todo lo que necesitamos para vivir) entre los diferentes actores de tal manera que todos los actores salieran beneficiados, que no hubiera perdedores como resultado de la operatoria.  Esta es la clave para el diseño de la operación del sistema económico.  En teoría se pueden lograr en sistemas puramente capitalistas o puramente comunistas.  Pero en la práctica ello no es posible con ninguno de los dos por las imperfecciones en los mercados (información diferenciada, monopolios y oligopolios),  y por concentración de poder en algunos de los actores que poseen los medios de producción y los capitales, incompetencia de algunos actores, avaricia, egoísmo, etc. ya sean individuos, gobiernos o empresas.  Ninguno tiene el monopolio de estos defectos.

Los puristas del capitalismo y su operación a través de mercados libres reconocen que hay ganadores y perdedores, pero suponen que los ganadores son los que se aplican más, que están más capacitados, honestos, prudentes, eficientes, frugales, disciplinados, responsables, que se lo merecen. Los perdedores son los que no tienen los recursos necesarios (intelectuales, materiales, financieros).  Y según los ganadores esta situación es culpa suya, por dejadez, por perezosos, por incompetentes, por extravagantes, por irresponsables, ineficientes, imprácticos, etc. Algunos llegan a alegar que es porque son pecadores (opinión de la ultraderecha religiosa en muchos países) [iii]Esta visión absolutista prefiere ignorar la realidad de que no todas las personas han sido dotadas con los mismos talentos, que no son iguales. Aunque lo diga la Declaración de Derechos Humanos.

Sólo en la situación totalmente utópica en que se comienza la operatoria del sistema económico capitalista de libre mercado, en una sociedad donde todos sus miembros comienzan a operar en el sistema con los mismos recursos y capacidades, o sea si crea una economía desde cero, como en Utopía. La realidad es que el sistema opera ya en una situación preexistente de desigualdad y este sistema económico, sin intervenciones externas, por definición, produce y acentúa las desigualdades ya que favorece a los que tienen capacidades y recursos y desfavorece a los que son deficientes en ellos.

Pero a efectos de entender las virtudes y defectos del capitalismo y el libre mercado y  paliar sus impactos negativos es necesario entender  a qué se debe esta desigualdad, quién está mal como consecuencia del sistema económico (como generalizan los detractores del capitalismo), quién está mal como consecuencia de las circunstancias en que le ha tocado vivir y quién está mal por irresponsable (como generalizan los defensores del capitalismo). Este tema lo analizaremos en más detalle en la Tercera Parte cuando consideremos la responsabilidad de los individuos.  

Para muchas sociedades esta situación de desequilibrios, que crea inestabilidad social, no es moralmente aceptable ni es sostenible en el mediano y largo plazo.  Ni siquiera a los ganadores les conviene estar rodeados de perdedores, mientras mayor sea el nivel de bienestar de la sociedad mayores son las posibilidades de progreso de los mismos ganadores.  No son sólo los gobiernos los que deberían preocuparse de las desigualdades, los ganadores tienen mucho que perder. 

Esto lleva a, y se debe mover hacia la limitación de perdedores y en algunos casos a controlar las ganancias de los ganadores.  Las imperfecciones de los mercados y el potencial de abusos de las posiciones dominantes deben ser controlado y gestionado.  Para los que suelen ganar estas intervenciones introducen “restricciones”, para los demás esto introduce “correcciones” y los más extremistas no quieren enfoques graduales, abogan por revoluciones.  Lo crucial para la gestión del sistema económico es encontrar el balance entre restricciones y correcciones, para aprovechar lo mejor del sistema capitalista de libre mercado y controlar y gestionar lo malo.  Y este balance es el eterno debate entre los partidos políticos.  En ningún caso se puede lograr el ideal de que todos los miembros de la sociedad estén igual o mejor con la operatoria del sistema económico, que no haya perdedores.  Pero puede haber mejor balance. ¿Cómo?  Esto es lo que tratamos a continuación.

¿Qué se quiere decir con que “el capitalismo no funciona”? 

Las expresiones de que “el capitalismo no funciona” o es “salvaje” son generalizaciones facilistas, que aunque tienen algo de verdad suelen ser exageraciones que perturban el diálogo constructivo que es necesario para lograr el balance que mencionábamos arriba.  Algunos utilizan términos derogatorios como neoliberales, anarco-capitalistas o turbo-capitalistas.  Los promotores de estas generalizaciones no suelen analizar qué es capitalismo, qué es lo que no funciona, qué lo lleva (si lo lleva) al salvajismo y en todo caso, de quién es la culpa si no funciona de acuerdo a los intereses de la sociedad en su agregado y que se puede hacer al respecto. La discusión de la Primera Parte de este artículo es un buen ejemplo de que las generalizaciones no son constructivas.

Después del análisis precedente, muy somero, de lo que es el capitalismo y el libre mercado se puede concluir que el sistema económico basado en estos principios tiene sus propias semillas para “no funcionar” o sea para no lograr el objetivo de que toda la sociedad este igual o mejor.  Pero es en base al análisis de los problemas potenciales y reales, y no en base a dogmatismos, que se pueden hacer propuestas para aprovechar lo bueno y minimizar lo malo. ¿Hay que descartar el sistema o hay que mejorarlo?

¿Son el capitalismo y el libre mercado morales?


El sistema económico basado en el capitalismo y el libre mercado descansan en la mejora en la asignación lo más eficiente posible de los recursos, a través de su propiedad y su transacción en los mercados. [iv] La mayoría de los economistas sostienen que la economía es amoral, ni moral ni inmoral, la moralidad no entra, esto es problema de la política, de la filosofía, de la religiónSu tarea es la asignación eficiente, en términos económicos, de los recursos.  Los mercados no dicen nada sobre la equidad, justicia, moralidad, ética, etc. en esa asignación de recursos.

Si hay demanda por productos irresponsables (tabaco, pornografía, drogas, armas, tráfico de personas, etc.) es responsabilidad del mercado suplir la oferta de la manera más eficiente posible.  Si hay exceso de oferta de mano de obra no calificada, el mercado la puede absorber a los bajos precios y condiciones laborales adversas que copen la demanda.  No es preocupación del libre mercado si estos sueldos y condiciones son dignas, si no permiten cubrir las necesidades básicas de la persona.  Hay un mercado para el alquiler de vientres, lo que para algunos es inmoral pero que para otros es perfectamente ético si se asegura el bienestar de todas las partes (este mercado permite tener hijos a quien no pueden tenerlos por la vía tradicional). [v]  Y aquí están gran parte de los problemas que se le atribuyen al capitalismo y al libre mercado. 

Hoy en día las personas conocen el precio de todo y el valor de nada
Oscar Wilde, escritor, 1854-1900.

Pero el mercado no tiene valores. Y ante las constantes críticas son los defensores del capitalismo y del libre mercado puro los más fervientes promotores de la moralidad de estos mercados, y de su superioridad sobre, por ejemplo, las intervenciones del gobierno y la asunción de responsabilidad social de las empresas, lo que tildan de interferencias sobre el libre albedrío, de favorecer a algunos sobre otros (por ejemplo, a los empleados sobre los accionistas, a los incompetentes sobre los emprendedores) y de asignar ineficientemente los recursos a quienes no los saben usar mejor. [vi] [vii]

Homus economicus versus Ser humano

El sistema económico basado en el capitalismo y el libre mercado descansa su premisa de eficiencia en que los actores son “homus económicus”, seres que actúan de forma racional, que prefieren más riqueza a menos, que todo se puede traducir a términos monetarios y por ende este criterio es el que priva en sus decisiones.  Esto puede ser válido en algunos casos, pero es una gran simplificación sobre la naturaleza del ser humano que se ha ido haciendo, sobre todo por los economistas, para poder modelar su comportamiento y predecir sus decisiones.  Un único criterio para la toma de decisiones, monetario, de un ser racional es fácil de modelar.  Múltiples criterios de un ser irracional es imposible.  Pero el ser humano no sólo, si lo es, es un homus economicus, es además una persona, un “homus solidarius”, “homus religiosus”, “homus justus”, “homus emotionalis”, “homus eticus”, “homus moralis”, etc., [viii] en mayor o menor grado, entre otras cosas más, y toma decisiones en los merados con múltiples criterios (y a veces sin mucho criterio).

De allí que el capitalismo y el libre mercado no son capaces de procesar todas las transacciones que son necesarias para la vida, si bien pueden ser muy eficientes en algunos casos, no son el mecanismo adecuado para muchos otros que requieren ya sea de mercados alternativos (gestionados por los gobiernos, por ejemplo) o de la imposición de restricciones o mejoras en funcionamiento del libre mercado donde puedan incorporarse otros criterios.  Hay muchas transacciones en las que una de las partes sale perjudicado, a diferencia de lo que asevera Milton Friedman en la cita al comienzo.

Entonces la pregunta clave es ¿cómo introducimos criterios de equidad, moralidad y justicia en las transacciones en los mercados? ¿Se puede?  En la Tercera Parte analizaremos las responsabilidades de los diferentes actores para desarrollar un capitalismo y un mercado que mejore el bienestar de la sociedad, introduciendo estos criterios.

En resumen

El capitalismo y el libre mercado tienen muchas virtudes y son la política e instrumentos adecuados para promover la asignación económicamente eficiente de recursos y proporcionar incentivos para el mejoramiento personal y empresarial.  Pero tienen dificultades en asegurar transacciones equitativas, morales y justas.  Tienen dificultades en traducir ese mejoramiento personal y empresarial a un mejoramiento de la sociedad como un todo por lo que, en muchos casos, es necesario que su funcionamiento sea restringido y corregido, y de que existan mercados alternativos, no libres donde se efectúen otras transacciones que producirían muchos perdedores en un libre mercado (por ejemplo servicios de salud y educación). Pero lo importante para el bienestar de la sociedad es tomar lo bueno, corregir lo malo y suplementar los mercados. 

Un excelente resumen de esta discusión es la conclusión de Paul Krugman, economista progresista, Nobel de Economía en el 2008, en su artículo Economía y Moralidad publicado en el New York Times:

“Entonces, la economía no es una obra moral; el orden económico y social que tenemos no es la representación de algunos principios morales profundos.  Esto no quiere decir que ese orden debe ser derrocado: la persecución de Utopía, de la justicia económica perfecta, se ha demostrado ser el camino al infierno, en tanto que el capitalismo del estado benefactor—una economía de mercado, con sus cantos ásperos suavizados con una fuerte red de protección social--- ha producido las sociedades más dignas conocidas (énfasis añadido).

No es el capitalismo lo que es malo, no es el libre mercado lo que es malo, es su utilización en casos en que no son adecuados, es el comportamiento y la gestión, o falta de gestión, que de ellos hacen las personas, empresas y gobiernos. ¿Qué pueden y deben hacer los diferentes actores del sistema económico para asegurar el bienestar de la sociedad?  En la Tercera Parte de este artículo analizaremos las responsabilidades de los principales actores: empresas, gobiernos, sociedad civil e individuos.






[i] Esta Segunda Parte había sido completada antes de la publicación del artículo Sobre el presente y el futuro del capitalismo global por Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate, que critica la Primera Parte, por ello no comentamos esa respuesta.  El lector debería sacar sus propias conclusiones leyendo las diferentes posiciones.

[ii] En estos mercados se pagan más de 100 millones de euros por traspasos y sueldos de más de 500.000 euros … a la semana.

[iii][iii] En una discusión con un miembro de esta clase, para defender la sanidad totalmente privada, me llegó a decir que los que enfermaban era culpa suya por no cuidarse.

[iv] Es oportuno recordar que la economía es una disciplina cuyo estudio va mucho más allá del capitalismo y del libre y mercado e incluye otros elementos como la economía del comportamiento, la del bienestar y la de otros sistemas económicos.

[v] Para un análisis más exhaustivo de este tipo de casos sobre la moralidad de los mercados ver mi reseña del libro:  What Money Can´t Buy: The Moral Limits of MarketsMichael J. Sandel, Farrar, Strauss and Giroux. Nueva York, 2012).

[vi] Y más paradójicamente todavía, en EE.UU. uno de los principales promotores capitalismo y libre mercados puros y de la moralidad de estos es el Acton Institute, dirigido por un sacerdote católico (obviamente situado al otro extremo del Papa Francisco, hay de todo en la viña del señor) que publican la revista Journal of Markets and Morality.

[vii] Según un exprofesor y mentor del Papa Francisco, Padre Juan Carlos Scannone, el Papa no es anticapitalista: “…no critica la economía del mercado sino el fetichismo del dinero y del libre mercado…Una cosa es la economía del mercado y otra cosa es la hegemonía del capital sobre la persona.”.  Cuando era el Cardenal Bergoglio, el Papa también dijo que  “Si pensar que el capital es necesario para construir fábricas, escuelas, hospitales, iglesias tal vez yo sea capitalista.”  Y no es que el Papa sea infalible en cuestiones terrenales.

[viii] Que me perdone el lector si estos nombres no existen, son libertad de autor para ilustrar al argumento.

sábado, 8 de julio de 2017

¿De quién es la culpa si el capitalismo no funciona? Primera Parte: ¿Hacia un capitalismo (más) salvaje?


Los beneficios son un elemento regulador de la vida de la empresa,
pero no el único; junto con ellos hay que considerar otros factores humanos y morales que,
 a largo plazo, son por lo menos igualmente esenciales para la vida de la empresa.
Juan Pablo II, Centesimus Annus.


La respuesta que viene a la mente de muchos es que la culpa la tienen las empresas, sobre todo las omnipotentes multinacionales, que con su gran poderío económico pueden violar las reglas de juego a su favor, o por lo menos alterarlas hacia lo que les convenga.  Pero antes de llegar a esta conclusión es conveniente analizar porque no funciona el capitalismo, si es que no funciona, cuales son las partes que intervienen en su operación y si éstas cumplen con sus respectivas posibilidades.

El Dossier No. 26 del Verano 2017, Repensando nuestro modelo de sociedad y de economía, publicado por Economistas sin Fronteras, incluye un artículo La que se avecina: Un capitalismo (aún) más salvaje, que como su título deja entrever, achaca los problemas a las multinacionales, es dogmático, es extremista.  Pero ello nos da pie para el análisis que decimos arriba que es necesario antes de sacar conclusiones catastrofistas sobre los culpables.

En la sección Perspectivas del capitalismo que se nos viene encima propone hace cinco argumentos para concluir que vamos a un “capitalismo (más) salvaje”: (1) el poder corporativo; (2) la lex mercatoria; (3) tensión por los escasos recursos; (4) una economía sobre-compleja; y, (5) sociedad global excluyente y violenta.  

El primer argumento sobre el poder de las empresas repite un error, muy común entre los detractores de las empresas, y es el de exagerar su poder.  Dice, por ejemplo, que “69 de las mayores entidades del mundo son empresas y solo 31 son estados”.  Esta aseveración está basada en la comparación entre las ventas (ingresos) de las empresas con el Producto Interno Bruto, PIB, de los países, que representa el valor agregado por la economía.  Comparan peras con manzanas.  Debemos comparar cosas comparables, ventas con ventas o valor agregado con valor agregado.  Como los países no tienen “ventas”, se deben comparar los valores agregados por la actividad de las empresas, de lo contario habría doble conteo can las actividades de sus suplidores de insumos.  Aún a pesar de las grandes dificultades estadísticas en determinar el valor agregado de las empresas [1], si se hace la comparación correcta entre estos valores y el PIB de los países sólo dos de las 50 economías más grandes son empresas.  WalMart, por ejemplo, sería una octava parte de España, un poco más de la mitad de Venezuela y de un tamaño equivalente a Chile. [2]  

Y en todo caso, si hablamos de poder, hay que recordar que no todo el poder es económico.  Las empresas no tienen ejércitos ni policías (aunque algunas puedan tener alguna “milicia” en países en desarrollo) ni pueden imponer impuestos y otros gravámenes.  Y los gobiernos tienen el poder de autorizar o desautorizar la operación de cualquier empresa en el territorio nacional, de imponer multas, de expropiar, etc.

Con esto no queremos decir que las empresas no tengan poder, pero la implicación que suele hacerse que el tamaño es equivalente a poder y que el poder está disponible para abusarlo no es correcto.  Es muy cierto que empresas tecnológicas como Facebook, Apple, Google y Microsoft son empresas con mucho poder, más de lo que su tamaño indica, pero ello no quiere decir que siempre lo abusan para beneficio propio.  Los productos de Google y Microsoft hacen una gran contribución al desarrollo de la humanidad (Apple y Facebook son menos indispensables). Sí, defienden sus intereses, como lo hacemos todos, pero mucho de ese poder es usado para hacer el bien de la población.  Y para que no lo abusen allí están (¡o deberían estar!) nuestros representantes, nuestros protectores, los gobiernos (más adelante comentamos si están). En junio del 2017 la Comisión Europea impuso una multa a Google de 2,400 millones de euros por abuso de posición dominante en los servicios de búsqueda y favorecer sus servicios de comparación de compras.

El segundo argumento de lex mercatoria se refiere al supuesto abuso que hacen las empresas de los tratados internacionales de comercio y los acuerdos bilaterales de inversión, imponiendo “un nuevo modelo de gobernanza corporativa” y una “arquitectura de impunidad”.  Según el autor, las empresas están por encima de los estados, que son lo que negocian estos tratados y acuerdos.  Es cierto que algunas empresas se aprovechan de las debilidades institucionales de los estados y la ausencia de mecanismos de gobernanza internacional para imponer sus conveniencias.  Las empresas multinacionales operan dentro de un vacío jurídico a nivel multinacional, que debe ser suplido, con muchas dificultades, por mecanismos jurídicos nacionales mal coordinados entre sí.  El caso más típico es el de las deficiencias en la regulación del respeto a los derechos humanos a nivel multinacional (ver ¿Debe regularse el respeto a los derechos humanos por parte de las empresas?).  Pero muchas de estas dificultades se deben a fallas en los gobiernos de los países, que no pueden o no quieren ejercer su responsabilidad, que son aprovechadas por algunas empresas.  Pero ello no puede llevar a la conclusión de que el capitalismo ha fracasado o que será “más salvaje”. Hay problemas, de difícil solución, pero ello no justifica desechar el sistema.  No se puede tirar el bebé con el agua sucia del baño.

El tercer argumento de tensión geopolítica por los escasos recursos es que las grandes potencias (China, EE.UU., Europa) lucharan por la hegemonía del control de los recursos.  Es difícil ver la relación entre esto y el capitalismo más salvaje.  A lo sumo la escasez de recursos estimulará la innovación y la búsqueda de soluciones, como lo es la energía renovable ante la eventual escasez de combustibles fósiles, lo cual fortalecerá la lucha contra el cambio climático.  Quienes mejor preparados están para hacerle frente a estas situaciones son las empresas privadas, con su capacidad de innovación y su disposición a arriesgar recursos financieros.  Y es el mercado el que está dando las señales para estimular la inversión y el que canaliza los recursos hacia estas inversiones.  Este es más bien un argumento a favor del capitalismo responsable.

En el cuarto argumento sobre una economía sobre-compleja, financiarizada y especulativa el autor dice “Por tanto, cortoplacismo, ingobernabilidad, lucro y especulación serán conceptos que definan el escenario también en el futuro próximo, incidiendo posiblemente en el incremento de la inestabilidad estructural y de las asimetrías sociales.”.  Este sí es un problema del capitalismo y que debe ser afrontado.  El lucro no es malo, es el incentivo necesario para la inversión y el esfuerzo.  Lo que sí es malo es poner el lucro por encima de las personas y del medio ambiente, el buscar el máximo lucro posible en el corto plazo a expensas de las decisiones que respaldan la sostenibilidad en el pargo plazo. Este es precisamente uno de los problemas que trata de atacar la responsabilidad de la empresa ante la sociedad (RSE) y que comentaremos en la Segunda Parte.  Y aquí vale recordar la cita con la que abrimos este artículo.

La quinta premisa argumenta que el capitalismo conduce a una sociedad abiertamente excluyente y violenta. El argumento del aumento de la violencia es muy difícil de entender y no lo comentamos. El argumento de que la persecución de beneficios puede llevar a una sociedad más excluyente es más razonable ya que las actividades empresariales tienden a favorecer a las personas con mayor poder adquisitivo y pueden dejar atrás a los pobres, fomentando aún más la desigualdad.  Pero en este argumento se ignora, otra vez, que el problema viene de las fallas de gobierno y es la responsabilidad de estos reducir esa desigualdad a través de políticas redistributivas y de protección de los menos favorecidos.  También vale la pena destacar el impulso que están teniendo las empresas con fines sociales y la tendencia en las mismas grandes empresas de atender a los grupos vulnerables a través de negocios inclusivos.  

Algunos de estos argumentos son válidos, pero otros son una falacia, otros están exagerados, otros son irrelevantes y otros ignoran que uno de los grandes problemas son los gobiernos, no sólo las grandes empresas y muchas veces las mismas personas. Hechas estas aclaraciones en la Segunda Parte analizaremos más objetivamente quién tiene la culpa si el capitalismo no funciona.




[1] El valor agregado como porcentaje de las ventas varía de empresa a empresa.  Sin embargo estudios estadísticos han determinado que en el promedio de todas las empresas podría ser entre un 30 y 40 por ciento, con grandes variaciones (entre un 20% para mayoristas, 30% para automóviles, hasta un 80% para servicios como telecomunicaciones).

[2] De Grauwe, P. y Camerman, P., (2003), Are multinationals bigger than nations? World Economics, Vol. 4, No. 2, abril-junio 2003, pgs. 23-37.



domingo, 25 de junio de 2017

¿En que se parecen la Economía Circular y la Creación de Valor Compartido?



En un artículo reciente analizábamos el concepto de la Economía Circular, EC, en particular si era algo novedoso, si aportaba valor agregado a los conocimientos e implementación de la sostenibilidad (La economía circular: ¿Innovación o reciclaje?).  Este mismo tipo de análisis lo habíamos hecho a lo largo de una docena de artículos sobre el tema de la Creación de Valor Compartido, CVC y su relación con la RSE (verlos en RSE y creación de valor compartido).  Ahora queremos contrastar ambos conceptos.  Recordemos antes los orígenes de ambos. 

El lector recordará que la Creación de Valor Compartido se “inventó” con un artículo publicado en el Harvard Business Review de Enero-Febrero 2011, Creating Shared Value: How to reinvent capitalism and unleash a wave of innovation and growth (Creando valor compartido: Como reinventar el capitalismo y desatar una ola de innovación y crecimiento). Sus inventores fueron los Prof. Michael Porter (conocido por sus estudios en competitividad) y Mark Kramer.  Usaron su reputación (sobre todo la de Porter en el tema de competitividad empresarial y de las naciones) y el prestigio de Harvard para promoverlo.  Su caballo de batalla fue demostrar que era un concepto superior a la RSE (que no lo es, ver los artículos citados arriba) para estimular demanda por sus servicios de conferencias y consultorías (lo de la explotación de la escuela de negocios de Harvard para fines comerciales-personales de su profesores fue ampliamente documentado en el libro The Golden Passport: Harvard Business School, the Limits of Capitalism, and the Moral Failure of the MBA Elite, que fue reseñado en mi artículo del 14 de mayo, ¿De quién es la empresa? ¿Qué debe maximizar?).

La Economía Circular persigue el diseño de productos y servicios que permitan la minimización del consumo permanente de insumos, ya sea ahorrando su uso o recuperando y/o reusando la mayor cantidad posible.  También tiene un promotor muy activo, esta vez con poder económico para respaldar su desarrollo, la Fundación Ellen MacArthur, fundada en 2010, por la Sra. Ellen MacArthur, marinera, honrada como Dama del Reino Unido por su hazaña de ser la primera persona en circunnavegar el globo en solitario.  La Fundación tiene como socias a empresas como Google, Unilever, Renault, Nike, Phillips, entre otras.  La Fundación se dedica a promover el tema a través de su think thank, con publicaciones y conferencias pero no tiene actividades de ejecución de proyectos. A diferencia de Porter y Kramer, que tienen varias consultoras, la Fundación, que es una institución sin fines de lucro, se financia a través de los programas que ejecuta con sus socios y miembros y de donaciones de otras instituciones.

Pasemos al tema que nos ocupa, ¿en que se parece la economía circular a la creación de valor compartido?   Si el lector aprecia un tono sarcástico en la pregunta es que lo es, es deliberado.

  • ·   En que expresan muy parcialmente la responsabilidad de la empresa ante la sociedad.
  • ·   En que los ejemplos que usan son casos de RSE, el mismo perro con distinto collar.
  • ·   En que tienen algunos promotores con poder de persuasión y poder económico.
  • ·   En que contribuyen a paliar el aburrimiento de algunos en seguir hablando de RSE.
  • ·   En que les permite a los aficionados a la RSE y sostenibilidad parecer que están al día con el último grito de la moda.  RSE es passé.
  • ·   En que siendo nuevo debe ser mejor.
  • ·   En que constituyen una fuente de diferenciación y de nuevos negocios para consultores.
  • ·   En que constituyen un “círculo virtuoso” para sus promotores.  Mientras más se populariza el concepto, más negocios de consultoría y conferencias se abren y mientras más consultores y conferencias promueven el concepto, más popularidad adquiere y más dinero genera.
  • ·   En que contribuyen a crear confusión en las empresas sobre su responsabilidad ante la sociedad por la proliferación de conceptos, que añaden poco.


¿Irías a una conferencia de Economía Circular? ¿Y a una de Creación de Valor Compartido?  

¿Y a otra de RSE? 

Pero hay dos diferencias:

  • Mientras la CVC mira al ombligo de la empresa, la EC levanta la vista a su entorno.
  • Y que la CVC se creó con el objeto de destruir la RSE y la EC se construye sobre la RSE.


Pero mientras añadan valor y contribuyan a mejorar la responsabilidad de las empresas ante la sociedad, todas las ideas son bienvenidas.




domingo, 11 de junio de 2017

La economía circular: ¿Innovación o reciclaje?


A los atenienses les gustaba oír nuevos discursos pero sin tomarlos en cuenta.
Lo que querían era tener cosas nuevas de que hablar.
St. Juan Crisóstomo, Arzobispo, 349-407

¿Otra nueva economía? En un artículo anterior sobre la Economía Azul (¿De qué color es la economía?: Nel blu, dipinto di blu) ya comentábamos la proliferación de ideas relacionadas con la sostenibilidad empresarial bajo el nombre de “economías” y ésta de la Economía Circular es otra de ellas.  Ya son más de 20 nombres de “nuevas economías” en mi colección.  

Se han publicado muchos artículos y panfletos sobre la Economía Circular, EC, pero la inmensa mayoría son apologías, se limitan a describir lo que pretende ser, sus beneficios, ventajas, potencial, etc. pero muy pocos, o ninguno, analiza el concepto críticamente, su viabilidad práctica y las condiciones bajo las cuales puede hacer una contribución apreciable a la sostenibilidad del planeta. En este artículo lo analizamos críticamente y en particular discutimos su posible valor agregado al universo de ideas sobre sostenibilidad.  Esperamos que con ello se mejore la efectividad del concepto.

El concepto de la Economía Circular ha adquirido mucho auge en los años recientes, gracias a la intensa promoción de la Fundación Ellen MacArthur, fundada en 2010, por Ellen MacArthur, marinera, honrada como Dama del Reino Unido por su hazaña de ser la primera persona en circunnavegar el globo en solitario (lo de la circunnavegación debe haber inspirado el uso de la palabra “circular” para describir la economía que propone).  La Fundación cuenta con amplios recursos ya que tiene como socias a empresas como Google, Unilever, Renault, Nike, Phillips, entre otras.  La Fundación se dedica a promover el tema, como think thank, con publicaciones y conferencias pero no tiene actividades de producción física.  Es una institución sin fines de lucro que se financia a través de los programas que ejecuta con sus socios y miembros y de donaciones de otras instituciones.

¿Qué es la economía circular?

La Fundación no describe lo que es la EC en base a una definición concisa y clara, más bien la describe en base a un contraste con lo que consideran el modus operandi actual.

“Mirando más allá de sistema industrial extractivo actual de “tomar, hacer y desechar”, la economía circular es restaurativa y regenerativa por diseño.  Basándose en innovación sistémica, persigue redefinir productos y servicios para erradicar el desperdicio, minimizando los impactos negativos.  Apuntalado por una transición a las energías renovables, el modelo de la economía circular construye capital económico, natural y social.” (énfasis añadido).

En lenguaje más sencillo, la EC persigue el diseño de productos y servicios que permitan la minimización del consumo permanente de insumos, ya sea ahorrando su uso o recuperando y/o reusando la mayor cantidad posible.

El gráfico con que lo tratan de explicar es muy elaborado y relativamente complejo para un concepto relativamente simple y hasta podríamos decir que obvio.  Es el gráfico típico diseñado por un consultor.  No lo comentaremos para no alargar la discusión pero el lector interesado puede consultarlo en el sitio de la Fundación Ellen MacArthur.  Solo lo reproducimos como ilustración.




¿Es esto un concepto novedoso?

La EC es la misma idea ya expresada en la propuesta de Cradle to Cradle (de la cuna a cuna), CC, presentada en el  2002 en el libro Cradle to Cradle: Rediseñando como hacemos las cosas de la cuna a la cuna, por William McDonough y Michael Braungart.  La base de la propuesta es que el diseño de productos y procesos de manufactura deben hacerse de tal manera que permitan la minimización de los insumos y su reutilización al terminar su vida útil.  Wikipedia tiene una descripción simple pero ilustrativa del concepto:

Propone un cambio radical en la producción industrial: un cambio de los esquemas de “cuna a tumba” por uno de “cuna a cuna”.  Sugiere que los esquemas de “reducir, reusar, reciclar” perpetúan la estrategia de “cuna a tumba” y que se necesitan más cambios.  El libro desestimula el “downcycling” para estimular la manufactura de productos con el objetivo de “upcycling”, con una visión basada en el ciclo de vida del producto…..Después que los productos han alcanzado el fin de su vida útil se convierten en “nutrientes biológicos” o “nutrientes técnicos.  Los biológicos son materiales que pueden reentrar en el medio ambiente, los técnicos son materiales que permanecen en ciclos industriales cerrados.

De nuevo, en términos simples, se propone que el diseño mismo de los productos y procesos se dirija a la minimización de los insumos necesarios y la maximización de la recuperación y reutilización de los que han sido usados, lo que va más allá del reciclaje de algunos de los insumos utilizados o de los productos producidos, que es lo que se hace en el mejor de los casos.

No solamente los conceptos son iguales sino que además la EC se copia el lenguaje del CC. La EC pretende cambiar el modelo actual de “tomar, hacer y desechar”, que el CC había llamado “reducir, reusar, reciclar”.  Los conceptos, expresados en el libro, de Cradle to Grave y Cradle to Cradle han sido apropiados por los promotores con los nuevos nombres de “economía lineal” y “economía circular”.  

¿Es la EC un concepto novedoso?  ¿Cuál es la diferencia entre la propuesta del 2002 de Cradle to Cradle y la de la Economía Circular?  ¡Mercadeo!  Los autores del libro original no tenían a su disposición los recursos monetarios ni informáticos para promover más ampliamente el concepto.  La Fundación cuenta con el apoyo de grandes empresas que se benefician, en su reputación, de estar asociadas con el concepto de la economía circular. Y la Fundación es muy efectiva en la promoción del concepto y aprovecha la sed de nuevas ideas que tienen muchos de los encargados y consultores en sostenibilidad que ya están aburridos de la RSE.  La oportunidad ha sido mucho más propicia para la EC que para su predecesor la CC.

¿Una economía circular o pedazos de un círculo?

En principio un círculo no tiene ni comienzo ni fin.  Pero en la EC cualquier pedacito de curva se extrapola como si fuera todo un círculo.

Como ejemplo de esto podemos poner el ganador y el segundo lugar de los premios Circulares del World Economic Forum (los que organizan la cumbre anual de Davos).  El ganador es Biolektra, una empresa que ha desarrollado una tecnología el tratamiento de basuras, en gran escala, sin necesidad de segregar sus componentes, produciendo subproductos como plásticos, vidrios, metales, materiales de construcción, fertilizantes y combustible para generación de energía. El segundo premio fue para BlackBear empresa que desarrolló una tecnología para extraer negro de humo (substancia química) de las llantas usadas, contribuyendo a reducir el problema del desecho de estas llantas y a reducir la necesidad de producir este insumo con el uso de combustible fósiles.  Ambos ejemplos son dignos de encomio, son innovadores y contribuyen a la sostenibilidad del planeta.  Pero, ¿no son estos ejemplos tradicionales de eco-eficiencia? ¿Son circulares o son partes de un círculo? La producción del negro de humo es estrictamente lineal, si bien usa desechos y evita el consumo de combustibles fósiles.  Excelente eco-eficiencia, menos contaminante.

Los mismos ejemplos que pone la Fundación en su sitio internet son igualmente significativos.  Sin entrar en mucho detalle baste mencionar algunos:

  • ·       Toast Ale que produce cerveza agregando pan duro a los ingredientes tradicionales.
  • ·       Utilización de vidrio triturado como ingrediente en la producción de cemento.
  • ·       DLL, una empresa que separa la parte mecánica (cabina, motor) de la parte médica (con mayor vida útil) de las ambulancias a desechar y reutiliza esta última parte en ambulancias nuevas.
  • ·       Toronto Tool Library, una “biblioteca” de herramientas que son prestadas a sus miembros.


Reciclar agua es catalogado como economía circular, la producción de biodiesel utilizando residuos de la producción maderera es economía circular, usar papel reciclado es economía circular, reciclar las latas de refresco y volverlas a utilizar por la empresa es economía circular, el extraer energía de los desechos es economía circular, el procesar agua de desechos para volverla a utilizar y de paso extraer algunos materiales útiles del sucio (bacterias, componentes inorgánicos, etc.) es economía circular.  Que Coca Cola compre frutas en los mercados locales en India es economía circular, ¿o es responsabilidad social y sentido común?  Pareciera como si todo se pudiese calificar como economía circular.

Algunos recordarán que había una época en que para comprar el refresco en una tienda de abarrotes había que llevar la botella vacía del refresco anterior o comprar la botella además de su contenido.  La economía circular era algo natural.  El lector puede sacar sus propias conclusiones sobre la “circularidad” en estos ejemplos  ¿Es lineal o circular? ¿Es algo novedoso o es el mismo perro con distinto collar?

Quizás porque la EC está en sus relativos comienzos todos se quieren subir en el tren no sea que los acusen de no estar en lo más novedoso.  Lamentablemente, como en los principios de todas nuevas ideas, se suben ideas legítimas e ideas no tan legítimas.  Llegará un momento de que habrá que desenmascarar a los falsos profetas, como hacemos ahora con los que abusan de la RSE (greenwashing).

Economía Circular y RSE: ¿superior, sustituto, parte?

En este entorno de fatiga con el concepto de responsabilidad social de la empresa, donde hay una amplia confusión entre su objeto y su (imperfecta) implementación, muchos especialistas y sobre todo consultores, están ávidos de tener nuevos conceptos, que supuestamente superen los “problemas” de la RSE. Es más glamoroso presentar al Consejo una propuesta de economía circular que de RSE.  ¿Irías a otra conferencia de RSE?  ¿Irías a una de Economía Circular? ¿Comprarías otro libro de RSE?

Las instituciones y personas que organizan conferencias, hacen consultorías o escriben libros ven como cae la demanda si sus productos o servicios se refieren a RSE, o sostenibilidad, o de cadena de valor, o  eco-eficiencia, o a reciclaje, o a términos semejantes.  Hay que inventar algo nuevo para estimular la demanda. Y hacer parecer el concepto de EC como superior a más innovador que la RSE/sostenibilidad.  Estos son los principales promotores de la EC. También es de destacar la visibilidad que le dan a la idea al tener empresas reputadas entre sus promotores.  Y han logrado que muchas instituciones organicen premios a la circularidad. 

Así como en la RSE el objetivo es contribuir al mejoramiento de la sociedad, los instrumentos son las acciones de las empresas, las políticas públicas y las acciones de la misma sociedad, en la economía circular el objetivo es el mismo pero el foco está más en la política pública y en la coordinación entre todos los actores, que no obstante deben ser implementadas por las empresas y los miembros de la sociedad.  Es el punto de vista que es un poco diferente, en el primer caso lo podríamos categorizar aquel mejoramiento de la sociedad como una agregación de acciones individuales de empresas e instituciones y en el segundo se logra con un desagregado del colectivo (economía) a acciones individuales de empresas e instituciones.  Uno es más de abajo hacia arriba y el otro de arriba hacia abajo y ambos son necesarios y complementarios.  Pero solo es circular si se mira y se logra en el agregado, cada acción es linear y, a veces, parcialmente circular.  Si juntamos suficientes líneas podemos formar un círculo, aunque no sea completamente redondo.

Ante esta situación son muchos, los que no entendiendo ni la EC ni la RSE, presentan la EC como substituto o concepto superior a la RSE. Pero los que si entienden ambos conceptos y sus implementaciones entienden que la EC es una de las múltiples facetas de la RSE, enfatizando la medioambiental.

Y es claro que ni es superior ni es substituto ya que la EC ignora los temas sociales y de gobernanza, preocupaciones fundamentales de la RSE.  La EC es un concepto básicamente medioambiental.

¿Añade algo la Economía Circular?

De la discusión precedente se puede deducir que la EC es una idea que añade poco a lo que ya ha sido propuesto por otros.  Una contribución es resucitar y reafirmar los conceptos de Cuna a Cuna, CC, por la mayor difusión que aquella está teniendo y el momento en que el entorno está mucho más sensibilizado sobre la problemática que hace quince años y está ávido de ideas “nuevas”.  Pero sí es de reconocer que el concepto de CC, y por derivación el de EC, pone un énfasis potencialmente muy efectivo en el diseño de productos y en procesos que minimicen el consumo final de recursos naturales. Sí, es más que reciclaje, es la prevención o reducción, ex ante, de la necesidad de reciclaje.

En principio, como su nombre de “economía” lo indica, deberían ser propuestas sistémicas a nivel de la economía, que se desagregaran a nivel de acciones individuales.  Pero por ahora siguen siendo propuestas a nivel de proyectos, productos, de empresas, que supuestamente la economía debe agregar y hacer “circular”.   Los ejemplos que hemos comentado son ilustrativos de este enfoque que podríamos llamar caso por caso.  Y caso por caso no es circular.

Donde algunos pueden alegar que la EC tiene un valor agregado es en los esfuerzos recientes de promover entre las demás partes, gobiernos y sociedad civil, que emitan leyes y regulaciones pertinentes para facilitar la circularidad de los procesos productivos de consumo y disposición final.

Y es aquí, en lo sistémico, donde está su mayor potencial y ya hay buenos intentos a nivel de ciudades, donde los gobiernos locales amplían su mira basándose en estas ideas.  Por ejemplo, Peterborough, una ciudad de 200.000 habitantes al norte de Londres ha decidido incorporar la circularidad a su ADN y aspira a funcionar como un auténtico ecosistema, cerrando los "flujos" del agua, de los materiales, de la energía o de la alimentación, con proyectos como "Food Cycle", pretende acabar con el problema del despilfarro en el Reino Unido. Forma parte de la red de ciudades circulares de la Fundación Ellen MacArthur, de la que forman parte Londres, Paris, San Francisco, Singapur, entre muchas otras.  Pero el lector puede ver las iniciativas en detalle para ver si los proyectos son, en efecto, más que reciclaje (ver Más allá del reciclaje).

Es posible que el futuro se encuentren la EC y la economía del compartir (automóviles, habitaciones, herramientas, personal, expertos, software, etc.), para una etapa superior en la mejor utilización de los recursos naturales y humanos.

¿Cómo cerrar el círculo?

La mayor contribución de la EC a la sostenibilidad está en su visión más amplia, de conjunto, más allá del enfoque en empresas o proyectos individuales, como podría alegarse para la RSE. Difícilmente cada uno, tomado por separado, puede cerrar un círculo.  A lo mejor una empresa o proyecto recicla algo, pero es muy posible que también produzca desechos o subproductos que no pueda utilizar ella misma pero que si lo pueden hacer otras empresas o inclusive aquella empresa utilizar los de estas.  Para cerrar el círculo se tiene que involucrar a muchas otras empresas, proyectos, instituciones, personas, gobiernos, etc. Para que sea verdaderamente un círculo hay que llevar las acciones a nivel de la economía como un todo para luego desagregar.  Lamentablemente la EC, quizás para simplificar, se vende a nivel de empresas y proyectos, en líneas más o menos curvas, en pequeños círculos, aunque hay intentos más integrantes en los ejemplos mencionados de las ciudades.

La implementación a nivel individual es lo que se ha venido haciendo desde hace mucho tiempo.  Nos hace falta el liderazgo a nivel agregado.

La economía circular: ¿Innovación o reciclaje?

El título del artículo tiene un doble sentido.  Por una parte se puede interpretar como una pregunta de si la EC es una idea innovadora o si es un reciclaje de ideas anteriores.  Por la discusión precedente se puede concluir que no es una innovación, es un reciclaje de ideas ya desarrolladas, aunque todavía estén lejos de ser implementadas, y se requiere de continuas propuestas y llamadas de atención, lo que la EC hace.  Cuando se logre implementar el concepto a nivel de “economía”, más allá de proyectos o empresas individuales si constituirá una innovación conceptual.

Por otra parte la pregunta se puede interpretar en el sentido de si la EC propone innovaciones en la manera de encarar la producción de bienes y servicios o si se limita a proponer el reciclaje tradicional de recursos.  De nuevo, de la discusión precedente vemos que es más lo segundo, una mejor utilización de los recursos, pero con visión más amplia del problema, lo que para su implementación conllevaría, en muchos casos, innovaciones en los diseños de los productos y sus procesos de producción para reducir la necesidad del reciclaje.  Y esta es su mayor contribución en su actual aplicación (pero que ya lo hacía, con menos éxito, la CC).

Y para que esta contribución se logre es necesaria la colaboración de las políticas públicas, que estimulen la colaboración entre gobiernos y empresas y de estas entre sí.  La política pública puede además contribuir a nivelar el terreno de juego si fuerza a todas las empresas a ciertas acciones, por ejemplo a través del establecimiento de estándares de eficiencia y de consumo de recursos (electricidad, materiales, agua, etc.). [i]

Se ha hablado mucho de que la presión por la responsabilidad empresarial llevaría a la innovación, crearía nuevas áreas de negocios, nuevos productos, estimularía la innovación.  Que en efecto lo hace para las empresas que son más avezadas y que operan en mercados más competitivos.  Ahora se supone que es la EC que es sinónimo de innovación.  Es innegable que la EC puede conducir a nuevos productos, nuevos y mejores procesos, pero todo depende quienes están involucrados más que del concepto mismo.  En mercados competitivos y sociedades exigentes ninguna empresa puede prosperar haciendo y vendiendo lo mismo de siempre.

En resumen

Mientras se aplique a nivel de empresa o proyecto la EC añade muy poco a las ideas y conceptos ya establecidos en la promoción de la sostenibilidad, salvo que reitera y divulga más efectivamente los conceptos de CC.  Su mayor contribución vendrá cuando se adopte una visión holística y las acciones individuales (líneas, semicírculos y pequeños círculos) se junten para formar círculos, a nivel de la economía, donde se mejore la efectividad de la eficiencia.

Medio en serio, medio en broma

Y siendo la EC un concepto que para algunos quiere suplantar a la RSE, aunque sea una parte de esta, se parece mucho a la Creación de Valor Compartido y es oportuna la pregunta: ¿En que se parecen la Economía Circular y la Creación de Valor Compartido? Lo analizaremos en un próximo artículo.





[i] Esto es lo que en gran medida es la estrategia de la Unión Europea para la Economía Circular. Ver el excelente resumen de Forética en El paquete de Economía Circular: avances y próximospasos.